Francisco Nixon y Ricardo Vicente @ La antigua estación (Oviedo, 25/06/2011)

Ni Enrique Urquijo, ni leches: el Kurt Cobain español es Sergio Algora. Su fallecimiento constituye un punto de inflexión sin precedentes en la historia de la música nacional. Queríais un comienzo vehemente con una frase que dé que pensar, ¿no? Ahí la tenéis.

Incluso dejando a un lado El niño gusano, cuya relevancia es innecesario reivindicar a estas alturas en que se encuentra ya por encima del bien y del mal, el papel de La Costa Brava, en cuanto consorcio para la normalización de un indie español que, a principios del s.XXI no tenía ni remotamente claro hacia dónde evolucionar, aglutinando al propio Algora con los compañeros que se había echado para un proyecto tan maldito como Muy poca gente, a Francisco Nixon (por aquel entonces todavía lo llamábamos Fran Fernández), que también buscaba su sitio tras perder Australian Blonde el apoyo de casi todo el mundo y, más tarde, Ricardo Vicente, llegado desde Tachenko, la banda que habían montado los antiguos componentes de El niño gusano.

Como la selección española que se llevó Eurocopa y Mundial, aquello no se trataba de un mero combinado, un supergrupo: la suma de individualidades era más bien una potenciación en cuyo espejo se miran todos los de alrededor, tratando de imitarlos.

A su muerte, el imperio que Algora había montado no se derrumbó por completo, sino que ha logrado sostenerse gracias a los herederos directos donde legó su fortuna: Nixon, que ya había iniciado su andadura en solitario paralelamente con los últimos estertores del grupo, y Vicente, que continuó ligado al gijonés en un proyecto donde tanto monta, monta tanto y que este sábado se pasó por La antigua estación ovetense.

Francisco Nixon y Ricardo Vicente
Francisco Nixon y Ricardo Vicente. Conjunción copulativa.

Antes, los teloneros Pingüino, cuyo show llegado directamente desde Cangas del Narcea, que se prolongó más allá de media hora larga, calentó al público a base de un noise-pop heredero de Los planetas noventeros (no faltaba la chapa tóxica de los de J, que las deben de dar con los cereales, sospecho, en la correa del guitarra, para dejar claros los referentes), y con ciertos sorbos ramonianos.

Tras el aperitivo, Fran y Ricardo, sin más artefacto que dos guitarras, una acústica y la otra eléctrica, que cambiaron varias veces de manos, toman el escenario y, sin perder un segundo, entran en faena, al #ranciofacts grito de «al turrón», proferido por el primero mientras comenzaba a sonar Erasmus borrachas.

El show fue alternando piezas desde las que se debatían dos variables: su origen, bien de la etapa de Nixon en solitario y formando dúo con Vicente, bien de su periplo previo en La costa brava; y quién de los dos presentes la cantaba. ¿Qué funcionaba mejor? Como ya he apuntado en la introducción, La costa brava es un grupo insuperable en tantísimos niveles que el primero de los dos frentes no es necesario cerrarlo, pues nunca estuvo abierto; con respecto al segundo, y aunque me duela en el alma, tengo que darle la razón a la señora que puntúa las voces de los músicos cuando dice que Fran transmite aburrimiento. No de cantautor pesado, sino una especie de desazón carrozona que combina a las mil maravillas con temas cuya coraza jovial pronto se desmorona para mostrar un corazón herido: la coreadísima (y brillante) Treinta y tres o Nadia. Vicente, por otro lado, se sitúa en un plano intermedio entre la alegría melancólica de este y la desesperanza distanciada de Algora, tomando lo mejor de ambas esferas, cuyo resultado, la combinación ganadora, adquiere la forma de Amor bajo cero, presentada acertadamente por el gijonés como una canción que le encanta, o, a una escala ligeramente inferior, Museo británico, que, por desgracia, apenas se oyó en la sala.

Francisco Nixon y Ricardo Vicente
No fue una brillante idea ir al Diario de Patricia. ¿O sí?

El resto del repertorio, a excepción de otras cuatro y media (Desastre sonó en versión popurrí) de La costa brava, entre las que destacó Adoro a las pijas de mi ciudad, ante cuyos acordes la sala pareció, finalmente, derrumbarse enloquecida, del primer al último espectador coreando aquello de las chicas modernas y las chicas de barrio; una del EP del año pasado Gloria y la belleza sureña, y cuatro del primer disco, salió mayoritariamente de su último larga duración conjunto (aunque venga firmado solo por Nixon), El perro es mío, cuyas pistas forman (a excepción, para mejor, de la sobresaliente Museo británico, ya citada, o Notre-Dame), un todo más que consistente, sin apenas altibajos, donde hasta un tema manifiestamente flojo, cercano a la autoparodia, como Brackets, funciona a las mil maravillas en directo.

Con el público ya más que ganado, cierre entre risas con La vida sigue igual, adaptada (en el ritmo: las letras se quedaron como estaban, que esto no es La parodia nacional) al particular universo de los artistas. Algún despistado acogió con escepticismo el anuncio de Fran de que cerrarían con ella: poco puede sorprender esta elección de quien estuvo durante meses utilizando como colofón para sus actuaciones Nada fue un error. La de Coti, sí.

No puedo cerrar esto  sin apuntar el motivo del evento, nada festivo: La bola de cristal, bar nacido y afianzado como referencia ovetense del musiqueo alternativo, como demuestra la selección que sonó en los intermedios (Hercules and Love Affair, Nosoträsh y MGMT, aunque también «Lourdes»), chapa para siempre. Hasta siempre.

Natalia Verbeke (La Costa Brava)
Erasmus borrachas
El cumpleaños de Ronaldo (La Costa Brava)
San Fernando
Banderas rojas
Reactor nº4
Me casaré cuando me enamore
Nadia
Amor bajo cero (La Costa Brava)
Vagamos por las calles
Adoro a las pijas de mi ciudad (La Costa Brava)
Museo Británico
Nombres y teléfonos
Inditex
Déjese querer por una loca (La Costa Brava)
Brackets
Desastre (La Costa Brava)
Notre-Dame
Treinta y tres (La Costa Brava)
La vida sigue igual (Julio Iglesias)


Francisco Nixon: Página oficial | Twitter | Last.fm

Share

Acerca de Pero vistes bien

Hola, qué tal. Yo bien, aquí, tirando. Pero hablemos de música. Me molan los grupos chulos; los otros ya algo menos. Diría que eso lo resume todo con respecto a mí: ahora habladme de vosotros.

5 comentarios en “Francisco Nixon y Ricardo Vicente @ La antigua estación (Oviedo, 25/06/2011)

  1. En el setlist falta la canción con la que abrió, «Natalia Verbeke», tambien rescatada de la época de La Costa Brava.

  2. La selección musical del intermedio no estaba hecha por la Bola ;-)
    Saludos y gracias por la crítica…

  3. La chapa era de la bola de cristal en conmemoracion del cierra del local, y lo llevaba todo el mundo. Planeto.

Los comentarios están cerrados.