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Hola, qué tal. Yo bien, aquí, tirando. Pero hablemos de música. Me molan los grupos chulos; los otros ya algo menos. Diría que eso lo resume todo con respecto a mí: ahora habladme de vosotros.

Best Coast – The Only Place (Mexican Summer, 2012)

El verano de 2010, hace ya casi dos años, nos lo refrescó el debut de los californianos Best Coast, un Crazy for you que sabía a inexperiencia, a ingenuidad, a unos chicos que se pasan la vida en el porche de su chalé bebiendo cerveza, fumando porros y componiendo canciones que no se toman a sí mismas excesivamente en serio. Musicalmente cimentado sobre composiciones sencillas, una producción lo-fi y una voz que se esforzaba más en estar cómoda que en orientarse hacia el virtuosismo, consciente de que lo que muchas veces no alcanzan unos gorgoritos que se extienden a lo largo de varias octavas lo logran un par de “uuh-uuh”.

Oso por gato: mal balance.

La continuación oficial de aquel debut, The only Place, que no llega tras años de silencio, precisamente, sino adelantada a través de gran cantidad de EP, colaboraciones y demás trabajos donde ya se dejaba entrever una tendencia hacia las hechuras actuales, supone una notable evolución hacia una madurez artística donde la niñata Bethany (la Bratty B de uno de los temas del primer álbum) pasa a ser Ms. Cosentino y la rebeldía adolescente deja paso a la crisis de la pérdida de la juventud, como si se tratase de una película de Judd Apatow o su tribu.

Las responsabilidades hay que buscarlas en la producción, detrás de la que se encuentra Jon Brion, que llega desde la otra costa (¿la mala?) para ejecutar un lavado de cara sobre las composiciones de estos chicos (a día de hoy, la propia Cosentino y su inseparable Bobb Bruno: la batería que los acompañaba hasta hace poco, Ali Koehler, se quedó en el camino), que desemboca en unos resultados más que cuestionables, no por el indudable talento de Brion, cuya carrera como compositor (para Paul Thomas Anderson, por ejemplo) y productor (al servicio de Rufus Wainwright y Fiona Apple, entre otros) está fuera de toda discusión, sino por la propia idoneidad de pulir lo que funcionaba mejor cuando uno podía palparlo en toda su aspereza.

Ya desde la misma portada en la que el colorido chillón deja su lugar al blanco y negro y nos privan hasta de Snacks, el gato de Bethany, se intuye la tristeza que reina en casi todas las canciones del álbum, la propia del fin de la irresponsabilidad de la juventud y comenzar a asumir las preocupaciones de adultos que les corresponden por edad pero no por justicia musical.

Incluso en algunas de las composiciones que nos remiten al trabajo que antecede a este y donde realmente se pueden adivinar los orígenes, como Let’s go Home, la letra desdibuja hasta la caricatura el artefacto musical que la sostiene: ¿cómo puede alegrarnos una canción que nos explica que Bethany lo ha visto todo, pero que como en casa en ningún sitio? Una epidemia que no logra alcanzar a The only Place, el tema que abre y da título al álbum, quizá el único que podría haber formado parte de Crazy for you y, por ello, probablemente, elegido como primero de los adelantos de este, donde sí que se conserva el espíritu hedonista con hambre de playa como sinónimo de felicidad y meta del camino de las baldosas amarillas. Uno de los pocos vestigios veraniegos de un álbum así de invernal.

Pero, a pesar de estas excepciones, la tónica viene marcada por cortes como Do you still love me like you used to, en los que Bethany se transmuta en una especie de Kristen Wiig llorándole a su mejor amiga a través de conversaciones interminables en el móvil porque sus compañeras de instituto están todas casadas y ella no sabe qué hacer con su vida: el mismo espíritu del que vienen impregnadas Better Girl (Better Woman) o My Life, por ejemplo. Madurar, qué mala elección.

Tracklist

01 – The only Place
02 – Why I cry
03 – Last Year
04 – My Life
05 – No one like you
06 – How they want me to be
07 – Better Girl
08 – Do you still love me like you used to
09 – Dreaming my Life away
10 – Let’s go Home
11 – Up all Night

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Narrow

Soap&Skin – Narrow (PIAS, 2012)

No lo voy a hacer, pero podría despachar esta crítica en cuatro palabras. Si no queréis seguir leyendo (¡pero quered!), quedaos con lo de que Soap&Skin es, en cierta manera, “James Blake en tía” y tendréis la versión corta de lo que voy a tratar de explicar en seiscientas.

Las dos pistas que más han dado que hablar de Narrow, este miniálbum de tan solo ocho canciones han sido la primera y la segunda. La que lo abre, Vater, que no nos habla de un inodoro, sino de su padre (es lo que significa en alemán) muerto (sí, estoy haciendo chistes que harían sonrojar a Marianico el Corto y encima utilizan como excusa un padre muerto: así soy yo) en un accidente de bici, motivo fundamental de todo el disco, y en la que, por transmitir unos sentimientos tan íntimos, la austriaca Anja Plaschg, que es su nombre real, recurre a su lengua materna en lugar del habitual inglés para esta elegía que comienza únicamente con la potentísima voz de la artista, capaz de desgarrar el corazón más duro, y el piano, para reservar cerca del final una explosión musical que actúa a modo de llanto.

Narrow

A continuación, Plaschg no abandona la entonación alemana, pero sí el idioma, en favor de, por segunda y última vez, otro distinto al inglés: el francés, como corresponde a su particular versión del Voyage voyage popularizado a mediados de la década de los ochenta por Desireless y que ya había resucitado hace cuatro Kate Ryan. Pronunciado de una manera macarrónica, y nuevamente con prácticamente (que no del todo) la única compañía del piano, la melancolía con la que la cantante se arrastra por los versos logra lo imposible: llevando a su terreno algo que le es tan ajeno como un tema disco de dudosa calidad, emociona tanto o más que con la famosa canción dedicada a su padre.

Abandonado el terreno del cuestionable poliglotismo, se consuma el retorno y la confirmación de lo ya apuntado tres años antes (cuando solo contaba con dieciocho) en su álbum de debut, Lovetune for Vacuum, con otros seis temas en los que, aunque se conserven casi en todo momento como cimientos la voz y el piano, la electrónica llega para reclamar el lugar que le corresponde a un CD que será colocado en dicha sección de las estanterías, si es que siguen existiendo las tiendas de música. Y digo «casi» porque en Deathmental, tercera pista, la más lograda y representativa, el piano no es que ceda una parte de su protagonismo a sintetizadores y samples, sino que directamente desaparece para que sonidos industriales envuelvan a una demoníaca Plaschg mientras explica que en el infierno no consienten los himnos.

El tríptico de la serenidad formado por la turbadora canción de cuna Cradlesong, la majestuosa Wonder y la breve calma chicha que propone Lost deja paso a Boat turns toward the Port, de nuevo plagada de mezclas y efectos de sonido, entre los que destaca un uso algo más racional de una caja registradora que el que M.I.A. incluyó en la ubicua Paper Planes, aunque no por ello menos machacona, para acabar con Big Hand Nails down, donde el piano y los sonidos de tuberías y martillazos vienen a hablar de lo mismo que la cantante que eleva una decidida melodía sobre ellos: «vacuum of God». Dios ha muerto.

La propia portada del disco es bastante reveladora de lo que uno se va a encontrar en su interior: belleza rodeada de sombras: una aterrorizada Plaschg sumida en un mundo de oscuridades que trata de domar sin mover una pestaña.

Tracklist:

01 – Vater
02 – Voyage voyage
03 – Deathmental
04 – Cradlesong
05 – Wonder
06 – Lost
07 – Boat turns toward the Port
08 – Big Hand Nails down

Nota de los usuarios:

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Low

Low @ Sala But (Madrid, 28/03/2012)

Cuando escribía, hace exactamente medio año, la crítica del último álbum de Low, C’mon, aprovechaba para lamentarme por no haberlos visto en directo a pesar de haber tenido la oportunidad (¡ah, los festivales y sus crueles coincidencias!); afortunadamente, la presentación de dicho disco, que solo dejó la fecha del Primavera Sound durante el año pasado en tierras españolas, ha sido ampliada durante este 2012 con fechas en Sevilla, Barcelona, Madrid, Santiago, San Sebastián y Toledo. Seis conciertos seis, nada menos.

Low

Alan y Mimi. A la derecha estaba Steve.

Precedidos por el agradable y procedente folk de Rauelsson, una buena elección como aperitivo, el trío (el núcleo de la banda lo forma el matrimonio de Alan Sparhawk, cantante y guitarrista, y Mimi Parker, batería y coros, además de vocalista principal ocasionalmente, al que últimamente asiste la compañía del bajista Steve Garrington) se tomó en serio la labor de mostrar su último trabajo y, consecuentemente, dividió en dos tramos bien diferenciados el recital, que comenzaba con seis pistas consecutivas de C’mon, que se interpretó en su totalidad, salvo por Majesty/Magic y Something’s turning over (sin ser mediocres, tampoco fueron especialmente echadas de menos por ninguno de los asistentes).

Abrieron con Nothing but Heart, a la que podría ilustrar con un epíteto como preciosa, pero no lo haré, dado que poco aportaría en cuanto a distintivo un calificador que sirve para todo lo presente y ausente en el repertorio de los de Minnesota. A continuación, el tema más conocido del disco, Try to sleep, cuyas notas iniciales surgían en esta ocasión de la guitarra de Alan, sin que la magia se rompiese por ello. Manteniendo el ritmo, el ambiente acogedor, como de nana, continuaba a través de You see everything, Nightingale y Witches hasta llegar al final del segmento, en el que Mimi captaba por un instante la atención de los focos con Especially me, la única canción que cantó esa noche y que logró poner los vellos de punta a pesar de que la mujer no tenga el menor afán de protagonismo y, a pesar de su evidente peso en el dúo, sobre el escenario se conforme con un discreto papel secundario a la sombra de Sparhawk, con mucho mayor don de gentes y tablas en escena, encantado con su rol.

Mimi

Mimi Parker.

En ese momento, finalizaba el tramo dedicado a C’mon, que, a pesar de que fuese obligado, nadie percibía como peaje un ápice menos disfrutable que el resto; sin embargo, la intensidad, a pesar de la calidad del álbum, sí que creció cuando entraron en juego obras previas, de las que el mayor protagonismo se lo llevó, inevitablemente, The Great Destroyer, la que goza de una mayor popularidad (en el Primavera Sound 2010 lo interpretaron de cabo a rabo, en una jugada cada vez más habitual en estos eventos), que comenzaron abordando con Monkey, para la algarabía de un público que, si hasta aquel momento estaba cómodo y algo abstraído ante la belleza de lo que se desplegaba ante sus oídos, desde ahí pasó al delirio. De la quietud del disfrute al movimiento de la locura colectiva (entiéndase bien: no había pogos ni nada parecido… aunque sí un cierto espectáculo simultáneo entre el público que recordarán perfectamente, entre la rabia y la risa, los que allí estuviesen), cuyo icono puede recaer en Sparhawk en éxtasis tocando su guitarra con la boca.

Alan

Alan Sparhawk.

Antes de recuperar otros dos temas de aquel disco, California y Everybody’s Song, en lugar de darle al respetable (unos más y otros menos) un respiro, se van hasta el Things we lost in the Fire para rescatar una genialidad como Sunflower. Un bloque especialmente logrado que ya vale por todo el concierto, que estaba aún lejos de su final y del que se reservaban seis temas variados antes de llegar al bis, tres de ellos del Trust. Tras la pausa, se abordó When I go deaf antes de terminar volviendo a C’mon y eligiendo una canción de amor como $20, con la que los asistentes se despedían en un estado similar al que hubiesen experimentado tras la bendición del Papa.

Setlist:

Nothing but Heart
Try to sleep
You see everything
Nightingale
Witches
Especially me
Monkey
Sunflower
California
Everybody’s Song
Done
Words
In the Drugs
Canada
Last Snowstorm of the Year
Murderer
When I go deaf
$20

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Tindersticks

Tindersticks @ Teatro de la Laboral (Gijón, 24/03/2012)

Como demostró la excepcional entrada recogida por el Teatro de la Laboral para recibir a Tindersticks, el papel de segunda fila que actualmente juega Gijón dentro de los circuitos de conciertos no es culpa de un público que sabe responder como toca en las poquitas ocasiones en las que se le presenta la oportunidad, y con nota en el caso de los británicos, cuya relación con la ciudad asturiana es especialmente estrecha si tenemos en cuenta que le han puesto música a gran parte de la filmografía de la francesa Claire Denis, habitual del hoy caído en desgracia Festival Internacional de Cine de Gijón, que le dedicó una merecida retrospectiva hace algo más de un lustro.

Tindersticks

Staples, sentado durante Chocolate.

Más allá de esta articulación más anecdótica que otra cosa entre banda y ciudad, la arrolladora personalidad de Stuart Staples logró de forma casi instantánea una conexión como se ven pocas, metiéndose al público en el bolsillo desde el primer momento sin necesidad de recurrir a «gracias, sois un público excelente» ni demás monsergas, sino simplemente a través de lo que él y su banda saben hacer mejor: música de primera calidad.

El repertorio escogido es, en esencia, lo que habían venido tocando a lo largo de la gira (me encantaría llegar como alma inocente al concierto, sorprendiéndome con cada pieza elegida, pero soy, como vosotros, incapaz de contenerme y no echar un vistazo en internet para enterarme de lo que van a tocar. En este caso, además, disponíamos del espectáculo íntegro que ofrecieron en el Trianon de París, gracias a la envidiable cadena francoalemana Arte. Disfrutadlo), lo que significa que su última obra, The Something Rain, se despieza en su integridad: se interpretan toditos, todos los temas, desde los nueve minutos (ni uno menos, ni, desgraciadamente, uno más, que acaban sabiendo a poco) de la no cantada, sino narrada, Chocolate, la primera en caer, pasando por las más conseguidas del álbum, This Fire of Autumn o el single indiscutible Medicine, hasta llegar a la que cerró el segundo y último de los bises, la instrumental y hermosísima Goodbye Joe, único extracto que faltaba para completar el disco y que acabó llegando sobre el claxon.

Lo he dejado caer de refilón, como si fuese una mera anécdota, pero, efectivamente, el concierto, que se fue a la hora y tres cuartos de duración, repartidos en diecisiete temas (lo que, calculadora en mano, podéis comprobar que nos da una media superior a los seis minutos, característica del grupo), contó con dos bises. Si no hubiesen estado planificados de antemano (que, por muy ingenuo que sea uno, sabe que sí lo estaban), los enfervorecidos y continuados aplausos del público gijonés, potenciados, al igual que el sonido de la banda a la que homenajeaban, por la inmejorable acústica del recinto, habrían agarrado del pescuezo a los de Nottingham para que volviesen a escena y recuperasen, como hicieron, una cálida y reposada Factory Girls, único corte rescatado de su penúltimo álbum; otro tema viejo, If she’s torn, y la mencionada Medicine, en el primero, mientras que el segundo lo constituyeron la suave brisa de Cherry Blossoms, única representante, nuevamente, de su segundo álbum y la instrumental despedida de Goodbye Joe.

Del final vuelvo al inicio, cuando los espectadores, aún llevados de la mano por la prudencia, fueron acogidos en el particular mundo de Tindersticks de forma progresiva, mientras iban interpretando, poco a poco, sin mucho aspaviento, Blood, de su opera prima; If you’re looking for a Way out, una de sus canciones más emocionantes, extraída de su único álbum previo multirrepresentado (el Simple Pleasure, que lo estuvo por partida triple) y Dick’s Slow Song, tras la cual la vía ya se encontraba abierta y Staples y sus secuaces ya estaban en disposición de administrar siete canciones de The Something Rain entre las que solo se incluían un par de catalizadores de efecto inmediato como Don’t ever get Tired y I know that Loving.

Atravesado el primer trimestre del año musical, uno de los más serios contendientes en la categoría de mejor álbum ha demostrado que fuera del CD sabe defenderse de forma igual de brillante.

Setlist:

Blood
If you’re looking for a Way out
Dick’s slow Song
Chocolate
Show me everything
This Fire of Autumn
A Night so still
Don’t ever get tired
I know that Loving
Slippin’ Shoes
Frozen
Come inside
Factory Girls
If she’s torn
Medicine
Cherry Blossoms
Goodbye Joe

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Xiu Xiu

Xiu Xiu @ Teatro Lara (Madrid, 27/03/2012)

Aunque una primera aproximación a la obra de Jamie Stewart y los suyos (esta no es una banda en el sentido tradicional, sino en el cada vez más común formato de artista que se rodea de unos músicos que pueden alcanzar más o menos relevancia, pero siempre al servicio de algo cuya autoría les es ajena) dé pie a pensar en una banda caprichosa, cuyas composiciones vienen determinadas de una manera más clara por los caprichos de su creador, la realidad revela que en Xiu Xiu el azar juega un papel tan determinante como el que pueda desempeñar en un cuadro de Antonio López. La minuciosidad con la que cada instrumento era afinado y las meticulosas pausas entre canción y canción del concierto que ofrecieron el pasado día 27 en el Teatro Lara de Madrid demuestran que los impulsos y arrebatos que marcan el ritmo de sus actuaciones están perfectamente domesticados.

Xiu Xiu

Jamie y otros tres. Jamie es el de la gorra.

Precedidos por un señor que se llamaba Lenticular Clouds y que estuvo un buen rato combinando cortes de audio donde se escuchaban fragmentos de la Larousse y cosas así muy electrónicas, lo cierto es que las duraciones de ambos artistas no estuvieron especialmente bien distribuidas, habida cuenta de los condicionantes que marcaban su inicio y su final (respectivamente, el partido, ¡partidazo!, del Real Madrid y el cierre del metro), puesto que la duración de telonero y teloneados estuvo casi a la par, más si tenemos en cuenta el tiempo efectivo de actuación, que en el caso de los segundos reduce ampliamente la cifra, debido a las largas pausas preparatorias a las que ya he hecho referencia.

La hora corta de espectáculo ofrecida por los californianos, iniciada con una ceremonia a medio camino entre el reparto de runas y el juego de la galleta, cuyo ritual divirtió más de lo que desconcertó, se distribuyó, aproximadamente, a partes iguales entre el larga duración que se presentaba, Always, del que se rescató aproximadamente la mitad de cortes, y un surtido variado con pistas de los trabajos que preceden a este. Un último trabajo, de notable, que no marca un punto y aparte en su discografía, pero que también dista mucho de poderse considerar un lanzamiento de relleno, todo lo continuista que se puede ser en el caso de Xiu Xiu, estuvo representado por canciones que se merecen un lugar destacado dentro de su repertorio, como (en menor medida: a esta sí se la podría acusar en cierta manera de jugar sobre seguro eligiendo la baza de hacer lo de siempre) Hi, Joey’s Song o, sobre todo, algo tan intenso como Honey Suckle.

Del repaso por el resto de su filmografía consiguieron pedrea prácticamente todos sus álbumes, aunque los premios gordos se los llevase su álbum con más repercusión, Fabulous Muscles, del que se extrajeron la canción homónima que abrió el concierto y también la que, para desesperación de todos los que esperábamos un bis (es decir: la totalidad de espectadores), lo cerró, I luv the Valley OH! Entre medias, también aparecieron The Air Force (The Fox and the Rabbit), su penúltimo álbum, Dear God I hate myself (This too shall pass away), A Promise (Sad Pony Guerrilla Girl) o Knife Play (Suha).

Sin embargo, las estrellas de la noche fueron, primero, su respetuosísima y sorprendentemente reconocible versión de Ceremony, mucho más cercana a New Order que a Joy Division, y, al final, la canción que uno de los componentes del grupo interpretaba en el piano que se encuentra en el descansillo de la sala para pasmo de los que nos habíamos quedado con ganas del bis y que, en su defecto, nos íbamos conformando con el premio de consolación en forma de payasada de despedida.

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